lunes, 20 de junio de 2011

el increíble caso de las tres y media de la tarde



Llevaban todo el día así y no parecía que la cosa fuera a decaer, sino más bien todo lo contrario, por lo que el Dr. Escamilla, su enfermera Lola Domínguez y Alex, el guapísimo celador de la unidad de psiquiatría, ya no sabían qué hacer. Al principio, pensaron en una simple coincidencia, pero, que dos pacientes seguidos se presentaran contando lo mismo, daba que pensar, claro que, al repetirse una y otra vez la misma historia en los siguientes, la cosa ya pasaba de castaño a oscuro.
¿Qué está ocurriendo? se preguntaban atónitos, no podía ser una de esas extrañas casualidades de la vida, ni tampoco parecía una especie de juego o cadena colosal del estilo lie usted a su psiquiatra y pase la bola al siguiente, además, los pacientes salvo por ésto de verse cabezas de animales, regían perfectamente, sin manifestar ningún otro signo de no estar en sus cabales.
Alex, fue el primero en dejar caer lo de ¿y no habrán cogido un virus?, pero Lola, con sus más de veinticinco años de experiencia, atajó de inmediato:
!imposible!, no hay virus que pueda hacer que la gente vea animales en cuerpos de personas como si fuera la cosa más normal del mundo... y atónitos, contemplaban sin saber qué pensar ni que decir de tan increíble caso, en todos y cada uno de la lista de pacientes de la clínica, desde las tres y media de la tarde.

- Buenas tardes doctor, verá, esta mañana, me desperté al lado de mi marido, Ramón, 40 años, moreno, ojos azules, desayunamos juntos y él se fue a su trabajo, al Ayuntamiento, con su traje azul, su camisa de rayitas grises y su corbata roja bermellón, pues bien, cuando volvió del trabajo a las cinco y media de la tarde era él, seguía siendo él, pero ahora tiene la cabeza de un jabalí, por no decir que yo, me miro al espejo y soy yo, Montse, sigo siendo yo, la Montse, solo que ahora tengo la cabeza de una oveja: ¿qué me está pasando doctor?

Doctor y enfermera se miraban desconcertados sin decir palabra por unos instantes, hasta que liquidaban el asunto con un "tendremos que estudiar su caso y hacerles una prueba a usted y a su marido, y cuando tengamos los resultados, le pondremos la adecuada medicación. De momento, tómese la vida relajadamente y no se preocupe por nada"

- Buenas doctor, mire, no sé cómo decirle, pero es que ahora mi jefe tiene cabeza de caballo de carreras, y verá doctor, ¿se ha dado cuenta que tengo cabeza de jirafa?, y no es que me importe demasiado, pues siempre me gustaron las jirafas, pero ¿usted ve ésto normal?. Mi vecino, esta tarde salió de su casa con su uniforme y cabeza de perro pachón, o terrier, no sé, es que no distingo bien a los perros, pero el caso es que él se fue, y su mujer, que salió poco después con el niño para llevarlo a las clases de judo, tenía cabeza de avestruz, y el niño de pez... ¿cómo puede un pachón o un terrier y una avestruz tener un niño pez?, yo creo sinceramente que esto no es muy normal, doctor, ¿usted qué cree?

Y, otra vez atónitos y ciertamente desesperados ya con tanto cambio identitario de cabezas, volvían al desconcierto de mirarse mudos, y a la carga de "no se preocupe de nada señora, todo tiene explicación, pero en su momento, por lo pronto, vamos a hacerle unas pruebas, pero tranquila, relájese y tómese la vida sin sobresaltos",
mientras le extendían, -como a los demás-, el volante con la prescripción de un análisis de sangre y de orina, lo único que se les ocurrió ante los extraños casos que estaban atendiendo desde las tres y media de la tarde.


lo continuo en la siguiente entrada

domingo, 5 de junio de 2011

para nadie




Hoy necesito mar,
viento,
graznido de gaviotas
y olor a salitre.
Evaporarme al sol,
diluirme.
Salir de mí,
volver a la inocencia
y perderme
en el azul infinito
del horizonte...
y como la canción,
que el agua y la sal
se me escapen
entre los dedos.
Hoy siento,
que no estoy para nadie


Sigo teniendo problemas con el blog, no sé si es por culpa del blogger, o del servidor, o del google, o de  todos juntos... pero sigo teniendo problemas. Intentaré bandearlos como pueda, y seguir publicando, pese a que el google no me reconozca el perfil...!ay señor!
El poema, lo escribí hace días, al poco de conocer la enfermedad de mi madre. Ya sabeis que en este blog no suelo publicar poemas, para eso está "algo contigo", pero esta vez, he querido publicar el mismo poema en los dos... y si la luna y la niebla fue una entrada que escribí con las entrañas como dice mi amigo Manel (Manel Aljama, del blog el viajero de las letras), este poema está escrito también desde las entrañas.
Muchisimas gracias a tod@s de corazón: gracias por vuestro caríño, por vuestro apoyo y vuestros ánimos, por vuestra comprensión y vuestra generosidad, gracias por vuestra ayuda, qué no sabeis cuanto la necesito... GRACIAS, millonazo de gracias igual que millonazo de besotes, de esos gordotes que siempre os mando.

 

lunes, 23 de mayo de 2011

la luna y la niebla



Cuando mi hermana me lo dijo por teléfono me quedé sin respirar un instante, no me lo esperaba, y aún mucho después sus palabras seguían resonandome machaconas: "mamá tiene demencia senil", -demencia senil- -demencia senil-, y no se me quitaba de la cabeza.
Es cierto que arrastraba desde hacía tiempo manías, pero ¿quien no tiene manías con la edad?, ¿quien no se queda absorta y desorientada, perdiendo la noción del tiempo con setenta y pico años?, ¿quien a esa edad no se le olvidan las cosas?... ! los años no pasan en balde, señores: no pasan en balde!

Recuerdo de niña que mi madre era para mí mi espacio, mi mundo, mi referencia, mi todo. Luego, la vida te va independizando, y vas soltando amarras de esos lazos indelebles y que sin embargo nos siguen uniendo siempre, y aún más allá del siempre.

Recuerdo que me gustaba ir en verano por la mañana temprano a comprar con ella a la plaza, me gustaba -y me gusta-, el sabor especial y único de los mercados, con sus puestos de verduras perfectamente colocadas cual orquesta cromática que extasiaba los sentidos, los puestos de pescao llenos de boquerones, sardinas, mojarritas, jureles, rosadas, calamares... y sus titulares pregonando en alto con gracia y desparpajo " boquerones de La Caleta, mujeres, llevárselos que están vivos", "¿y mis sardinas?, gloria bendita que son hoy mis sardinas", "mojarritas, pijotas, calamares... mira que se salen, vivitos que están mis calamares niña, y baratos, que hoy los tengo casi regalaos"... y así, puesto tras puesto, oyendo el pregón de tanta delicia.

Recuerdo que en el puesto de Tomás mi madre siempre compraba cerezas, y yo, le pedía que me diera dos en ramito para ponérmelas de pendientes. Tomás o su hijo me cogían de la caja dos pares de cerezas gordas y colorás, unidas, y me faltaba tiempo para colocarme un par en cada oreja, y así volvía a casa, con pendientes de cerezas.
Ya en casa, recuerdo me gustaba mirar cómo mi madre colocaba estructuralmente la compra en el frigorífico, la fruta lavada en el frutero, y cómo limpiaba el pescado... hipnóticamente la miraba mientras ella, con suma destreza le quitaba la cabeza y las tripas a los boquerones, en la radio, sonaban aquellas canciones del verano, y poco a poco, el papel de estraza se iba llenando de cabezas decapitadas de boquerones victorianos...

Ahora, me es imposible esbozar todos estos recuerdos de entonces sin sentir ternura y dolor, me invade una profunda tristeza... estoy, como una ballena varada, sola en la playa, esperando a que la luna haga subir la marea, mientras en el horizonte, cae densa la niebla.



lunes, 9 de mayo de 2011

blanca y radiante



doña Matilde

Días antes de la boda ya estaba hecha un flan, los nervios me comían y no me dejaban dormir... como platos los ojos por la noche, Inés.
Lo que más me preocupaba era que aunque yo estaba enamorada de mi novio, tu abuelo, no tenía ni idea de en qué consistía el asunto.

- ¿El asunto?, pregunté yo.

Y mi abuela, se me quedó mirando con cara de póquer y sin responderme, por lo que tuve que insistir:

- ¿Qué asunto, abuela?

- Pues el asunto, qué asunto va a ser Inés, el asunto... lo qué iba a pasar en la noche de bodas una vez estuviéramos los dos solos en la casa.
Que de verdad me dió la risa cuando vi a mi abuela, yo diría que colorá y achoradita perdía, por aquella ignorancia respecto a su noche de bodas... ja,ja,ja,ja, !anda que había que ser pava para no saberlo!, y así se lo solté:

- !Que pava abuela!

- Pava pero pava, me respondió ella... una auténtica pavita de Nochebuena, hija.

Las dos nos reímos bastante, y, tras ésta complicidad, seguí indagando:

- ¿Y cómo te enteraste... de lo del asunto?

- Por doña Matilde; menos mal que vino a verme la tarde del día antes de la boda para traerme el espigo, ya sabes, el regalo, y ella fue quien me lo dijo.
Doña Matilde había sido mi maestra desde chica, yo le tenía un enorme cariño, mucho respeto, y hasta diría que incluso veneración, !qué gran maestra que era, Inés!, !cuánta ternura y cuánto tesón enseñando a leer!, y !cómo se le alegraba la cara cuando preguntaba algo en la clase, y todas levantábamos la mano porque lo sabíamos!.

Yo notaba a mi abuela muy emocionada mientras recordaba a su maestra, tanto, que no sé en que momento me cogió la mano, y así, con mi mano entre las suyas permanecí escuchándola... sus manos, aquellas manos huesudas y arrugadas pero cálidas siempre, aquellas manos que todas las Semanas Santas me hacían pestiños y torrijas y por las navidades, patitos de mazapán.
Y estaba mi abuela contándome lo de su maestra, cuando de pronto me llamó mi madre: "Inés, baja por favor", yo le contesté con un "ahora voy mamá" mirando hacía la puerta, pero al volver la vista hacía donde estaba mi abuela, ella ya no estaba, con esa habilidad que solo pueden tener los difuntos, mi abuela había desaparecido. No se porqué, pero instintivamente, me llevé a la nariz la mano que hasta hacía un instante había estado junto a las de ella, y mi mano, olía a canela, a aceite, a cáscara de limón, a matalauva y ajonjolí...

!Ummmmm, olía a mi abuela!.


* Fragmento de "La abuela Teresa"



sábado, 30 de abril de 2011

de mal en peor



Justo hace ya un año escribí este triste relato ¿os acordáis?...

El día uno de mayo la había levantado a las tantonas, no en vano era fiesta, y por consiguiente, podía remolonear en la cama hasta bien entrada la mañana... los pajarillos, piaban en una sinfonía alegre y desaforada tan diferente a esa de cláxones y automóviles que eran su despertar el resto de días laborables, !qué chulada despertarse a su amor, con los haces de luz filtrándose por las rendijas de las persianas y los pájaros con su alegre piar!, qué chulada, pensaba Isa mientras se giraba en la cama acurrucándose como un ovillo a la almohada...
Menuda manera de celebrar el día del trabajo -le vino de pronto a la cabeza con ironía-, pues las últimas cifras del paro eran angustiosas y alarmantes y alcanzaban ya al 20% de la población. Este pensamiento, detuvo su vagabundeo y la levantó de la cama: cogió su bata y se fue a la cocina con el libro que estaba leyendo y que dejó en la mesilla de noche antes de acostarse.
Mientras ponía la cafetera y se preparaba la tostada, pensaba en que no le apetecía en absoluto bajar al portal a coger de su buzón el periódico que estaría allí, como todos los días, esperándola... imaginaba que en la portada estarían Zapatero y Rajoy, y Fernández Toxo y Cándido Méndez, y la tradicional manifestación del 1 de mayo, e inmediatamente, decidió que no iba a dedicarles ni un minuto más de su pensamiento a semejantes dirigentes políticos y sindicales !ya está bien, el 20% de parados era una vergüenza absolutamente insoportable!

Pues he aquí que de entonces a acá, como en el título: de mal en peor, dolorosamente, angustiosamente, dramáticamente, de mal en peor... supongo habréis visto en el telediario la comparecencia del Ministro de Trabajo Valeriano Gómez dando las últimas cifras del paro en España: 4.910.200 !por Dios, que estamos rozando los cinco millones de personas en edad de trabajar, con necesidad de trabajar, que quieren trabajar, y no tienen dónde!, son casi cinco millones de dramas con nombre y apellidos, y estoy segura, que cada uno de vosotr@s conoce de cerca más de una de estas situaciones, a más de un drama con nombre y apellidos.
Y ante esta tesitura tan negra: ¿qué celebraremos mañana?, y ¿con qué esperanzas afrontaremos el futuro?


sábado, 16 de abril de 2011

matarile, rile, rile


Cuando yo era chica, recuerdo que jugaba a juegos hoy perdidos, y digo perdidos porque mis hijas (la siguiente generación), ya no los han jugado.
Los juegos de entonces siempre eran en la calle, al aire libre, y siempre en común, lo que forzaba -necesariamente- la interacción de todas las niñas y niños de la plaza, de la calle, o del entorno próximo del barrio. Uno de aquellos juegos consistía en ponerse en un corro o en una larga fila de a dos, y pasar por entre medias de los otros chiquillos o circundarlos, con las manos en la cintura y en una especie de saleroso paseillo torero a ritmo de cántico, y cantábamos:

¿Dónde están las llaves?
matarile-rile-rile
¿dónde están las llaves?
matarile-rile-ron
chimpón.
En el fondo del mar
matarile-rile-rile,
en el fondo del mar
matarile-rile-ron
chimpón.
¿Y quien bajará por ellas?
matarile-rile-rile
¿y quien bajará por ellas?
matarile-rile-ron
chimpón.
Bajará (Lucía, Victoria, Carmina, Jesús, Luis....
cada quien elegía a la niña o niño que quería que saliera a la
fila o al corro, y comenzaba de nuevo el cántico y el paseillo)


Este recuerdo de mi infancia, que estoy segura que much@s compartiréis, me ha venido a la cabeza al ponerle título al vídeo de esta entrada. Por favor, no dejéis de verlo, porque es tan sencillo hacer las llaves de tu casa, que da angustia pensar lo vendidos que estamos.





Mil besitos gordotes y feliz Semana de Pasión a tod@s

jueves, 7 de abril de 2011

La pradera de los gatos felices (el final)



Nos quedamos en que Trini, después de haber probado sus juguetes eróticos y haberse quitado la venda de los ojos, decide llevar a su amiga Reyes -ama de casa madurita como ella-, a La pradera de los gatos felices


Eran las cinco y media cuando Trini y Reyes, peripuestas, con los bolsos colgados en bandolera y cogidas del brazo, entraron en La pradera de los gatos felices, la tienda en ese momento estaba sin clientela y Mary, aprovechaba el impasse recolocando los artículos eróticos en las estanterías.

En cuanto las vió entrar, lo supuso, -psicología de una vendedora de sex shops, o mera intuición femenina, o ambas cosas a la vez-. Sin embargo, esperó a que Trini, -a la que por supuesto reconoció-, se dirigiera a ella y tomara la palabra. Trini, con desparpajo, de inmediato le presentó a Reyes, resumiéndole en un pis pas la situación: su amiga, como ella, estaba en la inopia misma del sexo, y era no solo de justicia sino también de caridad cristiana, darle una clase de juguetes eróticos, para que Reyes pudiera gozar -igual que ella-, de las solitarias mañanas de una ama de casa... y lo de solitarias mañanas lo dijo adrede con retintín, mientras medio le guiñaba un ojo a Mary, en señal inequívoca de complicidad... a Mary, la escena, que en otro momento y con otras interlocutoras le avivaría la perspicacia, le resultó sin embargo de una ternura casi maternal, y con su natural simpatía remató:


- Pues claro que sí, que siempre hay cosas nuevas por aprender y por descubrir, así que las alumnas, que vengan conmigo.


Y allá que se llevó de turné por cada rinconcillo de la tienda a Trini y a Reyes, que la miraban con ojos como platos, y le hacían preguntas que no sabía catalogar si de increíbles o de alucinantes, pero claro, cincuenta y nueve años eran cincuenta y nueve años, y absolutamente un honor para ella que aquellas dos mujeres que podrían ser su madre, pues eran chispa más o menos de la misma quinta que su madre, estuvieran allí queriendo aprender a disfrutar del sexo con juguetes eróticos; solo le faltó arengarlas con un: !fuera complejos, viva la liberación y el placer!, pero se contuvo y siguió con las explicaciones, sintiendo in crescendo una indudable corriente de simpatía y cariño especial por las dos.

Tras la lección, ambas alumnas salieron de la tienda con sendas bolsas que dejaban entrever la compra de productos de La pradera de los gatos felices.


Las visitas a la tienda, -que siempre eran por las tardes y recién abierta ésta- se hicieron habituales, y de cuando en cuando, las visitas traían compañía, y a la compaña, había que darle también un cursillo acelerao de sexo con juguetes eróticos... la relación de cariño de Mary hacía ellas y viceversa, se fue fortaleciendo y consolidando: eran sus chicas del club, y si transcurrían diez o quince días sin que pasaran por la tienda, Mary se preocupaba y las llamaba a casa, por supuesto, con claves convenidas para que nadie que las oyera pudiera sospechar de qué hablaban ni qué se traían de por medio.


Una tarde de sábado lluviosa, cuando Reyes, Trini, Ana y Paquita entraron a la tienda, se encontraron que en el rinconcito más bonito y coqueto, con letras cursivas en dorado, enmarcado en un cuadro se leía: "el club de las chicas de ayer", y bajo el letrero, colocados en estantes, los juguetes y productos más demandados por ellas, por sus chicas... las cuatro se quedaron boquiabiertas y le preguntaron a Mary que qué era aquello.
Mary, llena de orgullo y satisfacción, les dijo que unas reinonas como ellas, por supuestisimo que merecían tener su propio rincón, un lugar muy especial en la tienda. Las risas no tardaron en aparecer, y con las risas, los abrazos, achuchones, besos, y un unísono gracias Mary que les salió como si orquestado por el mismísimo Barenboim, coral y perfecto, y Mary, con esa sonrisilla maravillosa que siempre les dedicaba, les dijo:


- !Es que no merecéis menos!, y hasta podríamos abrir una página web: el club de las chicas de ayer por internet...


pero esa, será otra historia... otra historia querid@s, otra historia.