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Querid@s bloggers, hoy ha sido un día algo especial, sin duda, porque es que hoy entre mis manos he tenido trocitos de historia, instantes capturados en papel, y con mimo encorsetados en carpetas de cartón neutro, ya sabéis, esas carpetas especiales donde se guardan los documentos valiosos para ser preservados de una inexorable ley del devenir, por la cual, todo cambia por el mero transcurso del tiempo. Hoy, he tenido entre mis manos documentos históricos del Archivo General de Andalucía. Hoy, mis dedos han rozado despacito, muy suavemente, palabras escritas en una grafía antigua, que atrapadas por el papel y por el tiempo un día salieron de las manos, del corazón y de la cabeza de Felipe IV, todo un epistolario de cartas escritas por el rey a su amada amiga Luisa Enriquez, condesa de Paredes.
No se querid@s si alguna vez os habéis asomado a un documento histórico, pero el solo pensar que eso que ves, tocas y hueles lo escribió una persona que existió cuatro siglos atrás, una persona que ocupa un lugar destacado en la historia y al que has tenido que estudiar en el instituto, solo de pensarlo, da un vértigo que te acelera la respiración y te hace sentir que ese momento es sin duda diferente, algo así como si una atmósfera liviana y atemporal envolviese el espacio y enmarcase la escena contigo dentro. Y allí estaba yo, sosteniendo las cartas de Felipe IV, de alguna manera emocionada, porque al igual que existe una relación emocional con las palabras, cuando por ejemplo leemos en alto un poema, también existe una relación emocional con el documento histórico, porque tocas, tienes y ves un papel, el mismo que tocó, tuvo y vió el mismisimo Felipe IV, ese rey que sale reflejado en las Meninas de Velazquez.
Ese rey que nació en 1.605, -año en que Cervantes publica la primera parte del Quijote-, que era una persona tímida y sensible, amante de placeres, rico en cultura y aficiones artísticas, con un cómputo mayor de bastardos que de hijos legítimos, mecenas sin excepción de la pintura y el teatro, y protector indiscutible de Velazquez, su pintor de Corte. Ese rey, que se me ha mostrado hoy además como un hombre, un hombre sensible que le escribe a una muy querida amiga dejando al descubierto un abanico de sentimientos.
Como no se leer castellano con grafía y usos antiguos, he aprovechado la traducción de esa correspondencia, y voy a exponeros resumidos algunos párrafos de las cartas de Felipe IV a su amiga la condesa de Paredes; juzgad vosotros mismos:

Y ahora os dejo querid@s, ya sabéis, sed felices, todo lo más por favor. Besitos. Mil besitos. Prometo continuar la carta en la próxima entrada.