lunes, 5 de diciembre de 2011

para no herir sentimientos



A veces tengo que tragarme
palabras para no herir
sentimientos,
 tengo que escuchar
una y otra vez
la misma cantinela,
mostrando a cada instante
inusitado asombro y novedad,
 para no herir sentimientos.

A veces, los momentos
me superan,
la perplejidad me devora,
y me parte en dos
la piedad
ante la realidad cotidiana
de lo razonable,
pero tengo que sonreir
para no herir sentimientos.

Hoy necesito gritar,
gritar que no estoy hecha
de hormigón armao,
que las palabras me queman,
que los oídos me queman,
que la sonrisa me quema,
que efectivamente,
nada resulta inamovible,
pues lo caótico y
lo pronosticado,
caminan siempre de la mano.

La vida, es un contínuo
recomponer de cristales rotos,
y a veces, somos desbocados
quijotes frente a molinos, 
 otras, expectadores subrealistas, 
cual magno cuadro de Dalí.



Antes que nada, y una vez más, quiero daros millonazos de gracias por vuestro cariño, por tantísima energía positiva y tantos ánimos que me habéis mandao... que os digo, me han llegao al alma y bien que me han ayudao a levantar ese ánimo que a veces las circunstancias se empeñan en hundir, aún cuando no lo consigan... poco a poco superando problemas, vuelvo a publicar... !esta vez un poema, y es que en todo este tiempo he escrito sobretodo poemas!, y no me lo explico, pues me resulta muchísimo más fácil expresarme en prosa que en versos... pero en fín, me salieron versos, muchos versos. No obstante, volveré al redil y la próxima entrada será en prosa, un relato sobre un tal Matusalem Jimenez... 
Besotes gordos a tod@s,



jueves, 6 de octubre de 2011

en misa y repicando



No tengo consciencia de haber estado triste de pequeña, sino más bien todo lo contrario, y si cierro los ojos y miro hacía atrás, mis recuerdos siempre son alegres, sencillos, felices... lo más remoto que puedo recordar con cierta nitidez son mis primeros años de colegio, perfectamente me veo con mi uniforme de tablitas, mis coletas, mis zapatitos gorila, y una cartera de plástico con dibujitos, donde apenas llevaba un lápiz, una goma, un sacapuntas y un cuaderno... no se necesitaba más. Tenía cinco años cuando comencé a ir al colegio, y recuerdo perfectamente mi primer día y a mi maestra: Dª Matilde.
Por aquel entonces los colegios tenían jornadas de mañana y de tarde, clases grandes con pupitres marrones, y ventanales al patio, y el de mi colegio, era realmente enorme, con adelfas, con pinos, con eucaliptos, que luego, en una relación inversamente proporcional a mi crecimiento, mermaron -no en altura, sino en cantidad-, y lo hacían (mermar), porque cada año construían nuevas aulas, en detrimento siempre del patio, que de un señor patio pasó a don patio, y finalmente se quedó en patio a secas.
En aquella época de infancia escolar comíamos todos en casa, en el salón, en torno a la mesa y al televisor -en blanco y negro-, e igualmente, cenábamos todos juntos... recuerdo los muebles, el empapelado de flores de la pared, a mis amigas de entonces, las calles del barrio, el cine de los domingos...
Llegó la adolescencia y la inseguridad, mis primeros tacones, el tonteo con los chicos, la pandilla, el viaje fin de curso a Mallorca que hicimos al terminar el bachiller, que era la primera vez que yo salía de viaje fuera de Andalucía, la primera vez que me montaba en un barco, la primera vez que salía del entorno materno-familiar... y aún con la adolescencia a cuestas, no recuerdo tristeza, sino vida sencilla, sin tanta inmediatez de todo, sin aceleración, muy ilusionante, sobretodo ilusionante... por hacerme mayor, por entrar en la universidad, por descubrir.
Recuerdo mi primer novio, mi primer beso, mi primer cotillón de fín de año, la primera vez que fuí a votar en unas elecciones...
Ultimamente sin embargo me siento triste, respiro tristeza y hasta puedo saludarla "bonjour tristesse", como la Cécile de Françoise Sagan, y quizás por eso me afano en hacer trabajar a la memoria y volver a los recuerdos de mi niñez, de mi juventud, a los dulces recuerdos de entonces, para compensar el trago amargo de estar viviendo la separación de mis padres tras cincuenta años de matrimonio !que se dice pronto!, sí, quizás sea por eso que me aferro a los recuerdos, y así estoy, aquí y allá, tal como el refrán: en misa y repicando.
Me viene al pelo una canción de Luz Casal, "entre mis recuerdos", Luz, expresa lo que siento perfectamente, con esa gran sensibilidad que ella tiene y que transmiten sus canciones
...Para encontrar la niña que fuí, y algo de todo lo que perdí, miro hacía atrás y busco entre mis recuerdos... Yo quisiera, volver a encontrar la pureza, nostalgia de tanta inocencia, que tan poco tiempo duró...  Con el veneno sobre mi piel, frente a las sombras de la pared, miro hacía atrás y busco entre mis recuerdos... Y si las lágrimas vuelven, ellas me harán más fuerte...

www.youtube.com/watch?v=oZujQyGD94s


Mil besitos gordos

jueves, 14 de julio de 2011

y por si éramos pocos, parió la abuela



- ¿Alguna duda?, preguntó Mercedes, la monitora del taller literario que el Ayuntamiento, en un arranque de manifiesto desafío institucional al refranero, había promovido en cada Distrito.

- No, contestamos al unísono la clase.

- Pues entonces, el jueves espero me traigáis folios en blanco llenos de pensamientos.

Mercedes, nos había mandado el siguiente ejercicio: sentaos delante de un folio en blanco, y empezad a escribir de continúo, sin parar, todas las ideas y pensamientos que os vayan viniendo a la mente, dejando que fluyan las palabras hasta el final del folio, -o hasta donde ya no os fluyan más ideas ni palabras-.
En realidad el ejercicio, salió al comentar aquel chascarrillo popular -o refrán consuetudinario-, que al parecer dijo con pesar el gran Alberti a unos amigos: "Puerto de Santa María, más de cuatrocientos bares y una sola librería"... y eh voilà!, Mercedes nos propuso como ejercicio escribir sin parar frente a un folio en blanco sobre el refrán, lo que nos inspiraba y lo que sentíamos al escucharlo; luego, se ve que se lo pensó mejor y terminó arrepintiéndose, porque ya se sabe, con tantos bares en mente, cualquier cosa puede salir de pensamiento, obra u omisión, así que prudente ella, decidió le escribiéramos al folio en blanco pero sin frase predeterminada de por medio. 

Querido folio en blanco, mi profesora del taller literario me ha mandado que te escriba sin parar, dejando que me fluyan las ideas... yo, que he terminado por aborrecer los deberes de tanto estar encima de los de mis hijas, y ahora fíjate, haciéndolos, si es que folio, por si no éramos pocos, encima pare la abuela, !cachis en la mar!, pero enfín, yo a seguir escribiéndote folio, fluyendo en tí ideas.
Cómo no me conoces, te diré que me llamo Alicia, y que dentro de unos meses cumpliré cuarenta y seis (años, lógicamente), pero oye, que estoy estupenda, nadie me los hecha, y cuando me comparo con el resto de mis compañeras -todas de mi quinta, (año más, año menos)-, no me queda otra que sonreirme a mí misma de purito gusto !pero si parecen mi madre, mi madre, no te digo más folio querido!...
Trabajo en una firma auditora, oye oye, que te estoy viendo el plumero... !oh cielo santo una auditora, me ha tocao en suertes una auditora!, pero tranqui por fa, que los auditores no nos comemos a la gente cruda, !y menos a los folios en blanco!, si al menos tuvieras cuentas o test de deterioro, todavía me lo pensaba, pero en blanco, no hijo no, mejor me como otra cosa. 
Por cierto, me gusta el chocolate negro y los helados, te digo ésto porque estábamos en lo de comer... y cómo tonta, me gusta el jamoncito serrano del bueno, los langostinos de Sanlucar (ya sabes, esos enormísimos Pedro Romero), los espetos de sardinas, las cañaillas, la tortilla de patatas, el salmorejo y las croquetas de gambas de mi madre, !y a quien no!, !qué delicias!, y más, si te las tomas en buena compañía... y con una copita de manzanilla fresquita, un Rioja suavecito, o un cava, ¿a que sí?, !pues claro!.
Tengo dos hijas folio, una morena y una rubia, como don Hilarión en la verbena de La Paloma, castiza que es una, y hablando de verbenas, me encanta la música, cantar y bailar, !y leer, y escribir, y el cine, y el teatro, y viajar, y ...el mar, no se me puede quedar en el tintero el mar, porque podría pasarme las horas mirando al mar!, la mer, la mer toujours recommencée que decía Paul Valery.
Estudio francés, que sí, que ya sé que me vas a decir que soy pava, y que si no me he enterao que hoy el idioma del mundo es el inglés, pero qué quieres que te diga folio en blanco de mi alma, de cuando en cuando, resulta que me gusta ir a contracorriente: todo el mundo estudiando inglés, y yo, francés, ya ves tú.
Oye folio, mira, ya apenas me queda espacio, estoy lo que se dice a nada de terminar el ejercicio, y francamente, me ha gustao: me ha gustao conocerte y fluirte, y ahora, velay, hasta me siento bien folio !lo que son las cosas!, pero es que de verdad, me siento bien, ¿será por haber llegao al final, o será por haberte vomitao tó ésto?, uyuyuy, no sé, no sé.

Acabado el ejercicio del folio, escrito entero por una y otra carilla, Alicia dejó el boli, dobló su folio y lo guardó en la carpeta, se levantó de la mesa satisfecha, casi feliz, aunque le ronroneaba en la cabeza aquello del ¿porqué será?, ¿acaso era la soledad?, ¿era ella una mujer sola en medio del gentío?... pero, como no le apetecía en este preciso momento meterse en ninguna camisa de once varas, corrió un tupido velo a sus pensamientos, y después de echarle un vistazo a la calle desde la ventana, se dirigió a su cocina: tenía que empezar a preparar la cena y las patatas con habas y chocos del almuerzo de mañana.




Ya tocan las vacaciones, por eso este blog cierra, dejaré de publicar hasta septiembre... no dejaré de leeros !eso nunca!, ni dejaré de haceros comentarios, y tanto a los de aquí, como a los amig@s del otro lado de la mar oceana, os deseo que de vacaciones o no, disfrutéis, gocéis, viváis y seáis felices a más no poder.
Millonazo de besitos mu gordotes... y como hoy es 14 de julio y nobleza obliga, Liberté, Égalité, Fraternité: !Vive la France! 

lunes, 27 de junio de 2011

el increíble caso de las tres y media de la tarde (continuación)



Lo primero que Marcelo Escamilla ordenó a su enfermera una vez habían acabado con el último de los pacientes, fue tranquilidad, mucha tranquilidad; lo segundo, una copa de brandy, de güisqui, de ginebra... no hizo falta que siguiera, pues antes de que continuara enumerando bebidas, ya Lola le servía presta un vaso con dos deditos de güisqui, al que por supuesto acompañó con otro similar, ambos, como si les hubieran dado cuerda, automáticamente se los tomaron de un trago.
Acto seguido, con la dignidad que lo caracterizaba, el doctor Escamilla se puso en pie, y andando de un lado a otro de la consulta, con su voz atildada y melodiosa, comenzó a decir -hablando para ambos y en voz algo alta para su costumbre-, que no tenían porque desatarse los nervios, pues todo en la vida tiene una explicación y ésto no podía ser menos, además, que al fin y al cabo él era psiquiatra, y Lola llevaba en ese puesto 25 años, y por muchos casos de cambios de cabezas, no por eso iban a perder la compostura, así que ante todo, serenidad y aplomo, y con esta premisa irían los dos a Dirección y le contarían al Gerente que no habían parado de recibir pacientes con cabezas de animales desde las tres y media de la tarde.
Calmados y sin preámbulos, le soltaron de sopetón al Gerente, que extrañamente no habían parado de recibir pacientes que creían tener no sus cabezas de siempre, sino cabezas de animales: de ovejas, jabalíes, caballos, jirafas, perros, avestruces... El Gerente, que no daba crédito a lo que oía, no tuvo otra reacción que la de reírse a carcajadas, !a ver, qué iba a hacer el hombre con tales explicaciones de gente con cabeza de oveja, de jabalí o de caballo de carreras!, y eso que Marcelo y Lola se habían callado adrede al de la cabeza de toro, por aquello de los cuernos, los chistecillos fáciles, e incluso las susceptibilidades.
Y las carcajadas que no parecían amainar, ni el doctor Escamilla ni Lola Domínguez conseguían hacerle entender que se trataba de algo anormal y grave, eso desde luego, pues en su dilatada vida profesional jamás se habían tropezado con algo así, ni tan siquiera parecido, y que la solución del análisis de sangre y orina que provisionalmente habían tenido que darle a aquellos pacientes, comprometía no solo a psiquiatría, sino también a la Gerencia, a Dirección y a la clínica misma.
Pero nada, no había forma de que el Gerente dejara de reírse a carcajadas, ante lo cual, Marcelo y Lola rendidos, y sin cintura con la que encajar pase torero alguno, optaron por darse media vuelta y salir del despacho dejándolo como caso perdido. Por el pasillo, aun cuando se alejaban, seguían oyendo las risas del Gerente, en el ascensor, oían las risas del Gerente, y hasta en el hall de entrada de la clínica, se escuchaban las carcajadas de aquel Gerente. Solo fuera y en dirección al aparcamiento, dejaron de oír las sonoras carcajadas del Gerente.
Era tarde, por lo que doctor y enfermera decidieron irse cada cual para su casa, no sin antes convenir que no contarían nada de lo ocurrido a sus respectivos marido y esposa, y que esperarían al día siguiente a que los acontecimientos dieran la cara.
La noche obviamente fue densa, no pudieron pegar ojo ni uno ni otra, y mudos, sin contar nada a sus respectivos, la pasaron en blanco dando vueltas en la cama, y sin dejar de pensar en aquellos increíbles casos que les sucedían desde las tres y media de la tarde del día anterior, por eso, cuando sonó el reloj a eso de las ocho de la mañana, ambos salieron disparados para la clínica.
Al llegar, no notaron nada raro ni especial, cada quien parecía estar a lo suyo, Alex en su mesita de la entrada ojeando el periódico, Marta, en el mostrador con las llamadas y Cati, pasando la mopa y regando las plantas del pasillo. Ninguna llamada de la Dirección, ni de la prensa, ni del Colegio de Médicos, ni del Gerente, que suponían habría dejado ya de reír, incluso las consultas que estaban atendiendo esa mañana eran sumamente normales para una unidad de psiquiatría: un caso de depresión, otro de trastorno de personalidad con delirium tremens, y un maníaco exhibicionista... el doctor Escamilla, ni siquiera quería sacar a colación los increíbles casos de ayer desde las tres y media de la tarde, no fuera a ser que de nuevo se produjera la catarsis, y una sucesión de personas con cabezas de animales desfilara otra vez por su consulta, no obstante, al ver que la jornada se desarrollaba con rutinaria normalidad, decidió que a la hora del almuerzo lo comentaría con Lola, porque, a lo mejor sólo había sido un mal sueño de ellos, o de él solo, y esta idea liberadora, calaba más y más en su ánimo y en su persona.
En esas estaba, cada vez más relajao y a diez minutos de cerrar citas para irse a almorzar, cuando sonó una llamada por el interfono que decía:

- Doctor, ¿que hago con los resultados de los trece análisis de sangre y orina que mando usted ayer urgentes?.

Marcelo Escamilla se quedó banco como una tiza blanca, sin capacidad de responder, y mientras, al otro lado del interfono solo oyeron de respuesta el grito desgarrado de alguien que decía

- !Nooooooooooooo!

.... en el cristal de la ventana de la consulta de psiquiatría, se reflejaba un doctor, con su traje oscuro y su corbata clara como corresponde a un psiquiatra, con su flor en el ojal para transmitir relax y armonía a los pacientes, como asimismo corresponde a un psiquiatra, y por cabeza, una muy enorme taza de café humeante...(claro que pensandolo bien, también muy convenientemente, como correspondía a un psiquiatra)



Fin

lunes, 20 de junio de 2011

el increíble caso de las tres y media de la tarde



Llevaban todo el día así y no parecía que la cosa fuera a decaer, sino más bien todo lo contrario, por lo que el Dr. Escamilla, su enfermera Lola Domínguez y Alex, el guapísimo celador de la unidad de psiquiatría, ya no sabían qué hacer. Al principio, pensaron en una simple coincidencia, pero, que dos pacientes seguidos se presentaran contando lo mismo, daba que pensar, claro que, al repetirse una y otra vez la misma historia en los siguientes, la cosa ya pasaba de castaño a oscuro.
¿Qué está ocurriendo? se preguntaban atónitos, no podía ser una de esas extrañas casualidades de la vida, ni tampoco parecía una especie de juego o cadena colosal del estilo lie usted a su psiquiatra y pase la bola al siguiente, además, los pacientes salvo por ésto de verse cabezas de animales, regían perfectamente, sin manifestar ningún otro signo de no estar en sus cabales.
Alex, fue el primero en dejar caer lo de ¿y no habrán cogido un virus?, pero Lola, con sus más de veinticinco años de experiencia, atajó de inmediato:
!imposible!, no hay virus que pueda hacer que la gente vea animales en cuerpos de personas como si fuera la cosa más normal del mundo... y atónitos, contemplaban sin saber qué pensar ni que decir de tan increíble caso, en todos y cada uno de la lista de pacientes de la clínica, desde las tres y media de la tarde.

- Buenas tardes doctor, verá, esta mañana, me desperté al lado de mi marido, Ramón, 40 años, moreno, ojos azules, desayunamos juntos y él se fue a su trabajo, al Ayuntamiento, con su traje azul, su camisa de rayitas grises y su corbata roja bermellón, pues bien, cuando volvió del trabajo a las cinco y media de la tarde era él, seguía siendo él, pero ahora tiene la cabeza de un jabalí, por no decir que yo, me miro al espejo y soy yo, Montse, sigo siendo yo, la Montse, solo que ahora tengo la cabeza de una oveja: ¿qué me está pasando doctor?

Doctor y enfermera se miraban desconcertados sin decir palabra por unos instantes, hasta que liquidaban el asunto con un "tendremos que estudiar su caso y hacerles una prueba a usted y a su marido, y cuando tengamos los resultados, le pondremos la adecuada medicación. De momento, tómese la vida relajadamente y no se preocupe por nada"

- Buenas doctor, mire, no sé cómo decirle, pero es que ahora mi jefe tiene cabeza de caballo de carreras, y verá doctor, ¿se ha dado cuenta que tengo cabeza de jirafa?, y no es que me importe demasiado, pues siempre me gustaron las jirafas, pero ¿usted ve ésto normal?. Mi vecino, esta tarde salió de su casa con su uniforme y cabeza de perro pachón, o terrier, no sé, es que no distingo bien a los perros, pero el caso es que él se fue, y su mujer, que salió poco después con el niño para llevarlo a las clases de judo, tenía cabeza de avestruz, y el niño de pez... ¿cómo puede un pachón o un terrier y una avestruz tener un niño pez?, yo creo sinceramente que esto no es muy normal, doctor, ¿usted qué cree?

Y, otra vez atónitos y ciertamente desesperados ya con tanto cambio identitario de cabezas, volvían al desconcierto de mirarse mudos, y a la carga de "no se preocupe de nada señora, todo tiene explicación, pero en su momento, por lo pronto, vamos a hacerle unas pruebas, pero tranquila, relájese y tómese la vida sin sobresaltos",
mientras le extendían, -como a los demás-, el volante con la prescripción de un análisis de sangre y de orina, lo único que se les ocurrió ante los extraños casos que estaban atendiendo desde las tres y media de la tarde.


lo continuo en la siguiente entrada

domingo, 5 de junio de 2011

para nadie




Hoy necesito mar,
viento,
graznido de gaviotas
y olor a salitre.
Evaporarme al sol,
diluirme.
Salir de mí,
volver a la inocencia
y perderme
en el azul infinito
del horizonte...
y como la canción,
que el agua y la sal
se me escapen
entre los dedos.
Hoy siento,
que no estoy para nadie


Sigo teniendo problemas con el blog, no sé si es por culpa del blogger, o del servidor, o del google, o de  todos juntos... pero sigo teniendo problemas. Intentaré bandearlos como pueda, y seguir publicando, pese a que el google no me reconozca el perfil...!ay señor!
El poema, lo escribí hace días, al poco de conocer la enfermedad de mi madre. Ya sabeis que en este blog no suelo publicar poemas, para eso está "algo contigo", pero esta vez, he querido publicar el mismo poema en los dos... y si la luna y la niebla fue una entrada que escribí con las entrañas como dice mi amigo Manel (Manel Aljama, del blog el viajero de las letras), este poema está escrito también desde las entrañas.
Muchisimas gracias a tod@s de corazón: gracias por vuestro caríño, por vuestro apoyo y vuestros ánimos, por vuestra comprensión y vuestra generosidad, gracias por vuestra ayuda, qué no sabeis cuanto la necesito... GRACIAS, millonazo de gracias igual que millonazo de besotes, de esos gordotes que siempre os mando.

 

lunes, 23 de mayo de 2011

la luna y la niebla



Cuando mi hermana me lo dijo por teléfono me quedé sin respirar un instante, no me lo esperaba, y aún mucho después sus palabras seguían resonandome machaconas: "mamá tiene demencia senil", -demencia senil- -demencia senil-, y no se me quitaba de la cabeza.
Es cierto que arrastraba desde hacía tiempo manías, pero ¿quien no tiene manías con la edad?, ¿quien no se queda absorta y desorientada, perdiendo la noción del tiempo con setenta y pico años?, ¿quien a esa edad no se le olvidan las cosas?... ! los años no pasan en balde, señores: no pasan en balde!

Recuerdo de niña que mi madre era para mí mi espacio, mi mundo, mi referencia, mi todo. Luego, la vida te va independizando, y vas soltando amarras de esos lazos indelebles y que sin embargo nos siguen uniendo siempre, y aún más allá del siempre.

Recuerdo que me gustaba ir en verano por la mañana temprano a comprar con ella a la plaza, me gustaba -y me gusta-, el sabor especial y único de los mercados, con sus puestos de verduras perfectamente colocadas cual orquesta cromática que extasiaba los sentidos, los puestos de pescao llenos de boquerones, sardinas, mojarritas, jureles, rosadas, calamares... y sus titulares pregonando en alto con gracia y desparpajo " boquerones de La Caleta, mujeres, llevárselos que están vivos", "¿y mis sardinas?, gloria bendita que son hoy mis sardinas", "mojarritas, pijotas, calamares... mira que se salen, vivitos que están mis calamares niña, y baratos, que hoy los tengo casi regalaos"... y así, puesto tras puesto, oyendo el pregón de tanta delicia.

Recuerdo que en el puesto de Tomás mi madre siempre compraba cerezas, y yo, le pedía que me diera dos en ramito para ponérmelas de pendientes. Tomás o su hijo me cogían de la caja dos pares de cerezas gordas y colorás, unidas, y me faltaba tiempo para colocarme un par en cada oreja, y así volvía a casa, con pendientes de cerezas.
Ya en casa, recuerdo me gustaba mirar cómo mi madre colocaba estructuralmente la compra en el frigorífico, la fruta lavada en el frutero, y cómo limpiaba el pescado... hipnóticamente la miraba mientras ella, con suma destreza le quitaba la cabeza y las tripas a los boquerones, en la radio, sonaban aquellas canciones del verano, y poco a poco, el papel de estraza se iba llenando de cabezas decapitadas de boquerones victorianos...

Ahora, me es imposible esbozar todos estos recuerdos de entonces sin sentir ternura y dolor, me invade una profunda tristeza... estoy, como una ballena varada, sola en la playa, esperando a que la luna haga subir la marea, mientras en el horizonte, cae densa la niebla.